A dos días de la salida de Rubén Rocha Moya de la gubernatura, el ambiente en Sinaloa sigue marcado por la incertidumbre. En Culiacán, la vida cotidiana se desarrolla entre calles con poca afluencia, presencia constante de fuerzas de seguridad y comercios que han optado por cerrar ante la situación de inseguridad que no cede.
El relevo en el poder ocurrió el viernes, cuando Yeraldine Bonilla Valverde asumió como gobernadora interina. Sin embargo, los hechos violentos continuaron casi de inmediato: ese mismo día se registró el asesinato de un conductor en la zona del Pedregal del Humaya, y más tarde otro ataque dejó una víctima frente a un centro comercial sobre el bulevar Lola Beltrán. En su primer mensaje, la nueva mandataria rechazó los señalamientos contra su antecesor y expresó respaldo al afirmar: «Gobernador, le expreso mi solidaridad. Confiamos en la inocencia del gobernador, el doctor Rubén Rocha Moya».
Mientras tanto, Rocha Moya se ha mantenido fuera de la vida pública desde que solicitó licencia, lo que ha alimentado diversas versiones entre la población. En distintos puntos de la ciudad, ciudadanos expresan cansancio ante la violencia y cuestionan el rumbo del estado. Algunos consideran que la salida del mandatario era necesaria, aunque persiste la preocupación por el impacto económico y social de la inseguridad. Comerciantes y trabajadores coinciden en que la situación es cada vez más complicada, con menos actividad y un entorno que no ofrece certeza sobre lo que viene.
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