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Cerrar las heridas de la violencia a través del teatro

Estas representaciones teatrales participativas, que combinan actuación y marionetas, sirven a mujeres y hombres para alzar la voz, reclamar sus derechos y, en algunos casos, llegar a impulsar la movilización comunitaria.

Es noche de teatro en Tekrit, una pequeña comunidad en el norte del Líbano, y más de 150 personas se han reunido en torno a un pequeño escenario.

Bajo la suave luz de los focos, Diaa y su esposa reciben la visita de una pareja de vecinos. 

Diaa se dirige a su esposa y le hace una seña: “Ve, tráenos algo de fruta”.

“No nos queda fruta en el frigorífico”, responde su esposa, visiblemente asustada.

Diaa, enfurecido, avanza amenazante hacia ella, mientras su vecino se levanta e intenta calmarlo. 

Diaa tranquiliza al hombre: “No pasa nada, siéntate”. 

Entonces arrastra a su mujer fuera del escenario; los gritos de ella mientras soporta sus golpes estremecen al público.

Mientras tanto, la esposa del vecino le suplica a su marido que ayude, pero él niega con la cabeza y grita: 

“¡Diaa, nos vamos!”. 

Tras la representación, las actrices y los actores vuelven al escenario e invitan al público a sacar sus propias conclusiones sobre la actuación que acaban de ver y a proponer soluciones para proteger a las mujeres de la violencia en circunstancias similares.

Desde 2017, más de 900 mujeres y hombres de entornos rurales y comunidades de personas sirias refugiadas han participado en estas actividades artísticas diseñadas para animarles a replantearse la violencia de género y permitirles abordar y debatir estos temas en sus comunidades.

Se trata de una iniciativa coordinada por ONU Mujeres en colaboración con ABAAD, una ONG que promueve los derechos de las mujeres en la región de Oriente Medio y África del Norte.

“La chispa del arte puede encender la llama de la imaginación y la creatividad para [pensar] en los problemas cotidianos de otra forma. El arte ofrece un espacio para respirar hondo, reflexionar y encontrar soluciones a los círculos viciosos que nos atrapan”, explica Ghida Anani, directora de ABAAD.

También hay representaciones con marionetas inspiradas en una figura que las culturas de Oriente Medio conocen como hakawati, la persona que cuenta cuentos. La presencia de una narradora o un narrador permite examinar actitudes y acciones, además de relatar situaciones reales de discriminación a las que se enfrentan las mujeres.

Estas actuaciones a menudo animan a mujeres de la comunidad a denunciar casos de violencia y ABAAD les ofrece atención y asesoramiento jurídico.

El programa también ha llegado a grupos de jóvenes de áreas rurales de Bazbina y Tekrit. Después de recibir capacitación sobre técnicas teatrales y oratoria, actúan en las escuelas para concienciar sobre los derechos de las mujeres, incluido el derecho de las mujeres a trabajar, y los riesgos que supone el matrimonio precoz.

“Estas representaciones son una forma de que se nos reconozca como agentes del cambio que se implican en nuestras comunidades”, explica Chadi Restom, de 25 años.

Además, el joven señala que la iniciativa también ha contribuido a aumentar la cohesión en la comunidad:

“El hecho de contar con personas libanesas y sirias en el mismo grupo de teatro ha garantizado la diversidad y ha facilitado que se tiendan puentes con públicos de orígenes diferentes”.

La Fundación Ford y el Gobierno del Japón han financiado estas actividades en el marco del Programa de Resiliencia de ONU Mujeres.

“ONU Mujeres estudia formas innovadoras de inspirar el cambio social y de comportamientos. Apoyamos las iniciativas de la sociedad civil que animan a las mujeres y a las niñas a avanzar y dejar atrás la violencia, además de aquellas que implican a los hombres y a los niños para acelerar el avance hacia la prevención y la erradicación de todas las formas de violencia”.

Explica Begoña Lasagabaster, Representante Especial del Director Regional de ONU Mujeres en el Líbano, mediante un comunicado.