Arabia Saudita comenzó a restablecer las operaciones de su oleoducto Este-Oeste después de casi diez días de interrupción provocada por los ataques hutíes, una medida que representa un alivio para el mercado energético internacional luego de las dificultades generadas por el cierre del estrecho de Ormuz. El reinicio permitirá volver a transportar crudo hacia las instalaciones de Aramco ubicadas en la costa del Mar Rojo, aunque inicialmente los envíos avanzarán a una capacidad limitada. Un cargamento desde Yanbu con destino a China está previsto para el martes. La infraestructura había movilizado alrededor de 4 millones de barriles hacia Yanbu durante los últimos meses, cerca del 4% del suministro mundial, y la compañía saudita trabaja para recuperar progresivamente sus niveles habituales. De acuerdo con una fuente de seguridad, llegar al 40% de la capacidad podría tomar algunos días y la recuperación total entre seis y ocho semanas, debido a los daños registrados en tres estaciones de bombeo durante los ataques de septiembre.
La reapertura ocurre en medio de una situación regional que continúa siendo inestable. Un funcionario iraní citado por medios internacionales señaló que Teherán estaría dispuesto a reabrir el estrecho en un plazo de siete días si Estados Unidos disminuye la presión militar y levanta el bloqueo sobre los puertos iraníes. La posibilidad provocó una caída temporal de más de dos dólares en el precio del petróleo, aunque posteriormente los valores volvieron a subir. La incertidumbre también se vio alimentada por las declaraciones de Donald Trump ante la Asamblea General de la ONU, donde planteó la posibilidad de alcanzar un acuerdo de paz con Irán después de las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Paralelamente, los enfrentamientos entre las fuerzas sauditas y los hutíes continúan, con más de 150 muertos en ambos bandos durante un periodo de 48 horas. Los daños en la infraestructura petrolera mantienen además la preocupación de que el oleoducto vuelva a convertirse en blanco de nuevos ataques.
En el ámbito diplomático, los ministros de Asuntos Exteriores del G7 pidieron a los hutíes «cesar de inmediato todas las acciones militares, amenazas y ataques» contra el transporte marítimo y describieron esas acciones como «acciones reprobables que constituyen una peligrosa espiral de escalada que corre el riesgo de exacerbar aún más el conflicto, comprometer el comercio internacional y generar inestabilidad económica mundial». El rey Salman de Arabia Saudita también calificó a los hutíes de «milicia terrorista» y los acusó de atacar La Meca. Mientras tanto, los rebeldes yemeníes mantienen sus operaciones y buscan avanzar hacia posiciones estratégicas entre Taiz y Lahij para dificultar la conexión de la costa del Mar Rojo con las zonas que permanecen bajo control de fuerzas respaldadas por Arabia Saudita. Riad, por su parte, recibió del primer ministro británico, Andy Burnham, el compromiso de proporcionar apoyo militar defensivo. En paralelo, Mohammed bin Salman y Vladimir Putin conversaron sobre la situación, y el Kremlin informó que ambos coincidieron en que «no hay alternativa a los esfuerzos políticos y diplomáticos destinados a normalizar la crisis actual, teniendo debidamente en cuenta los intereses de todas las partes».
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