POR: Ezequiel CARAM MX
CIUDAD VICTORIA, TAMPS. – En una sorpresiva declaración que ha encendido las alarmas en el escenario político de Tamaulipas, el Secretario de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente (SEDUMA), Karl Heinz Becker Hernández, marcó una tajante y polémica distancia frente a las tradicionales prácticas de campaña y de cercanía social que realizan otros funcionarios con miras a futuras aspiraciones políticas.
Al ser cuestionado de forma directa sobre su futuro y sus intenciones de competir por un cargo de elección popular, el titular de SEDUMA desestimó tajantemente las acciones de campo y la entrega de apoyos directos a la ciudadanía, calificándolas implícitamente como actividades ajenas a su nivel de responsabilidad.
Con un tono que de inmediato generó eco en los pasillos gubernamentales, Becker Hernández dejó en claro que no recurrirá a las estrategias populares de posicionamiento que hoy en día implementan diversos actores de la escena pública.
“Si a mi me van a ver haciendo algo, es mi trabajo, dudo que me vean tapando baches, regalando tapas de huevo o rifando cosas por internet, yo me voy a apegar a mi trabajo y que este hable por sí solo, subir los indicadores para el gobernador y los tamaulipecos”, mencionó de manera fulminante.
El funcionario estatal insistió en que el uso de los recursos públicos debe concentrarse estrictamente en las metas técnicas de su secretaría, lanzando un dardo a quienes, desde la función pública, distraen tiempo y presupuesto en la promoción personal o el activismo social.
“Hay cosas de mayor relevancia, pero finalmente yo no estoy enfocado en eso, nosotros tenemos una responsabilidad que depende del erario de los tamaulipecos y hay que usarlo con responsabilidad y para generar un beneficio, cada quien a su trabajo, hay que ayudar a los tamaulipecos y apegarnos a lo que nos instruye el gobernador”, concluyó.
La postura del secretario ha desatado un intenso debate, pues mientras algunos sectores técnicos respaldan su enfoque institucional, en el terreno político sus palabras han sido interpretadas como un desdén hacia las demandas más sentidas y cotidianas de la población, abriendo una grieta en la narrativa de territorio y cercanía social del estado.
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